Consumo en crisis: “La gente compra alimentos con tarjeta porque la plata no alcanza”
En Mar del Plata, cuatro de cada diez familias ya usan la tarjeta de crédito para comprar alimentos y uno de cada cuatro deudores admite que tiene serias dificultades para pagar esas obligaciones.
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Un dato encendió señales de alarma en Mar del Plata: cuatro de cada diez familias recurren a la tarjeta de crédito para comprar alimentos, una postal del deterioro del poder adquisitivo. El financiamiento dejó de ser un recurso para gastos excepcionales y pasó a cubrir necesidades básicas. En ese contexto, uno de cada cuatro deudores admite que tiene serias dificultades para afrontar esos compromisos.
El economista Ismael Bermúdez advirtió sobre el deterioro del poder adquisitivo y el crecimiento del endeudamiento en los hogares. Alertó por el uso de crédito para gastos básicos y el aumento de la morosidad.
“La gente se financia con tarjeta porque la plata no alcanza”, explicó el economista Ismael Bermúdez, especialista en temas laborales y previsionales, en diálogo con El Marplatense.
El fenómeno responde a una combinación de factores: caída del salario real, jubilaciones deterioradas y aumento sostenido de los precios. A eso se suma el peso creciente de los servicios en el presupuesto familiar.
“Los servicios públicos y privados absorben una parte importantísima del ingreso, entonces queda mucho menos dinero para otros gastos como ir al mercado”, detalló.
Pero el uso del crédito no es gratuito. Por el contrario, genera un efecto acumulativo difícil de revertir.
“Las tasas de interés son muy altas y el consumidor queda atrapado en una deuda que no puede pagar”, advirtió.
El impacto ya se refleja en los indicadores financieros. Según Bermúdez, crecen los niveles de mora tanto en tarjetas como en préstamos personales.
“El consumidor refinancia la deuda y entra en una situación de la cual después no puede salir”, explicó.
Este proceso se da en paralelo a un contexto inflacionario que podría agravarse por factores internacionales, como el aumento del precio del petróleo.
“El incremento de los combustibles impacta en toda la cadena y termina encareciendo los precios en la góndola”, señaló.
La caída del poder adquisitivo también modifica hábitos básicos. Las familias priorizan gastos esenciales y recortan en todo lo demás.
“El ingreso disponible se achicó de manera muy fuerte”, resumió el economista.
Ese ajuste se refleja incluso en la dieta: “Mucha gente sustituyó la carne vacuna por pollo, cerdo o alimentos más económicos”, indicó.
El impacto alcanza también a sectores como la gastronomía y el turismo, donde se percibe un estancamiento marcado. La retracción del consumo tiene consecuencias directas en la actividad económica.
“Las ventas caen y hay empresas que no pueden sostenerse”, explicó Bermúdez, quien señaló que en los últimos dos años cerraron unas 23.000 firmas en términos netos.
Frente a este escenario, el especialista fue tajante sobre el uso del crédito. “Que agarren la tarjeta, la guarden y traten de olvidarse dónde está la llave”, recomendó. El mensaje apunta a evitar el sobreendeudamiento en un contexto de tasas elevadas y alta inflación.
Según explicó, las alternativas son limitadas: generar ingresos adicionales o recortar gastos no esenciales. “Mantener el nivel de vida con crédito es anticipar un problema enorme en los próximos meses”, concluyó.

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