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Un grupo de legisladores presentó un proyecto para actualizar el funcionamiento del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y modificar la forma en que se calcula el costo de vida de los argentinos, un indicador clave para medir la inflación y el poder adquisitivo de los hogares.
La iniciativa surge tras la reciente salida de Marco Lavagna de la conducción del INDEC, y apunta a implementar una metodología más contemporánea para reflejar con mayor precisión los gastos reales de las familias. En los últimos años, organismos técnicos y analistas advirtieron que la canasta de bienes y servicios utilizada para calcular el Índice de Precios al Consumidor (IPC) estaba basada en patrones de consumo antiguos, lo que puede distorsionar la medición del costo de vida.
Según lo que se propone, el organismo estadístico debería adoptar datos más recientes sobre los hábitos de gasto de los hogares y ampliar el universo de productos y servicios incluidos en el cálculo, con el objetivo de que el IPC represente mejor la realidad cotidiana de la población. Esta actualización también implicaría modernizar los métodos de recolección de precios y ajustar los ponderadores de cada rubro en función del peso actual que tienen en los presupuestos familiares.
La discusión técnica sobre la medición del costo de vida cobra relevancia en un contexto en el que la confianza en los indicadores oficiales ha sido objeto de debate, y sectores del ámbito económico consideran que un índice más acorde a los patrones de consumo actuales podría mejorar la credibilidad de los datos estadísticos.
El proyecto todavía deberá avanzar en las comisiones del Congreso antes de convertirse en ley, pero marcó el inicio de un debate sobre la necesidad de que el principal organismo de estadística del país modernice sus métodos para describir con mayor fidelidad la realidad económica de la población.

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