24 de marzo: memoria, conciencia social y plazas colmadas al grito de Nunca Más
A 50 años de la última dictadura cívico - militar, la sociedad argentina mantiene vigente el pedido de memoria, verdad y justicia.
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El 24 de marzo es, sin dudas, una de las fechas más sensibles y trascendentes de la historia argentina. Un día que no solo remite al pasado, sino que interpela el presente y el futuro. Es una marca imborrable en la memoria colectiva, un punto de inflexión en la historia que cada año llama a la reflexión, al compromiso y a la acción.
A 50 años de la última dictadura cívico-militar, un período en el que el terrorismo de Estado instauró la censura, la persecución, la tortura y la desaparición forzada como prácticas sistemáticas, las heridas siguen abiertas: la búsqueda de identidad de cientos de nietos y nietas apropiados continúa siendo una deuda pendiente que atraviesa generaciones.
En una época en la que, lamentablemente, abundan los discursos de “historia completa” y negacionismo, las movilizaciones masivas del pasado 24 de marzo demostraron, una vez más que la sociedad argentina no olvida ni perdona.
Las plazas de todo el país volvieron a colmarse. Familias enteras, jóvenes, abuelas, abuelos, bebés en brazos y niños marcharon para reafirmar un consenso que sigue vigente: la memoria no se negocia. Lejos de la indiferencia o el olvido, la sociedad argentina volvió a demostrar que no es ajena a su historia, y que “Nunca Más” no es una consigna vacía, sino un compromiso activo y permanente.
Las imágenes de plazas llenas no son solo una postal emotiva: son una expresión política y cultural, que confirman que la memoria, la verdad y la justicia no son consignas del pasado, son pilares fundamentales para la vida democrática. Y un recordatorio de adónde no hay que volver.
A 50 años del golpe, la presencia en las calles reafirma que el ejercicio de la memoria sigue siendo una herramienta indispensable para no repetir uno de los capítulos más oscuros y sangrientos de nuestra historia. Porque recordar no es quedarse en el pasado, es construir un presente consciente y un futuro más justo.
Y en esa construcción colectiva, una vez más, el pueblo argentino habló con claridad. En cada plaza, en cada marcha, en cada voz que se alzó, quedó ratificado que hay límites que no se cruzan y consensos que no se rompen. Y que Nunca Más es Nunca Más.

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