Alerta en la Provincia por El Niño: advierten por inundaciones y preparan un operativo ante lluvias intensas
El fenómeno climático podría alcanzar su mayor intensidad entre octubre y diciembre. Con amplias zonas que ya presentan suelos húmedos o saturados, el Gobierno bonaerense puso en marcha obras y medidas preventivas para reducir el impacto de posibles temporales.
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La provincia de Buenos Aires se prepara para un escenario de lluvias superiores a los valores habituales durante la primavera y el verano 2026/27, ante el fortalecimiento del fenómeno de El Niño. La principal preocupación está puesta en la combinación de precipitaciones intensas con terrenos que, en numerosas regiones, ya tienen una elevada acumulación de agua.
El último informe del Servicio Meteorológico Nacional indica que las condiciones actuales son consistentes con una fase de El Niño y estima una probabilidad cercana al 100% de que continúe durante el trimestre julio-agosto-septiembre.
Los relevamientos que maneja la Provincia muestran que la situación hídrica no es igual en todo el territorio. Para junio, más de tres cuartas partes de la superficie bonaerense presentaba suelos húmedos o sobresaturados, con sectores del centro-este y sudeste que alcanzaban niveles de saturación de entre el 90% y el 100%. Esa condición reduce la capacidad del terreno para absorber nuevas precipitaciones y aumenta la posibilidad de anegamientos ante tormentas intensas.
Las proyecciones señalan que entre agosto y octubre podrían registrarse lluvias por encima de lo habitual especialmente en el este y sudeste bonaerense. El escenario podría generalizarse entre noviembre de 2026 y enero de 2027, período en el que se esperan valores superiores a los promedios en buena parte de la provincia. El momento de mayor intensidad del fenómeno se ubicaría entre octubre y diciembre.
El riesgo no se limita a las zonas rurales. Los técnicos advierten sobre la posibilidad de inundaciones urbanas, desbordes de cursos de agua, deterioro de caminos y afectación de infraestructura y servicios si se producen grandes acumulados de lluvia en períodos cortos.
Frente a este panorama, el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense puso en marcha un Plan de Gestión del Riesgo frente al Cambio Climático. El esquema contempla 138 obras y proyectos: 53 intervenciones de microdrenaje urbano, 71 de macrodrenaje, cuatro defensas sobre la costa atlántica y diez obras de protección fluvial. La inversión prevista ronda los $1,7 billones.
También se destinaron 33.800 horas de maquinaria para limpiar y sanear arroyos, además de la incorporación prevista de 28 equipos pesados. A esto se suman intervenciones en rutas, redes de agua, sistemas energéticos para contingencias y la incorporación de 183 vehículos a la flota de ABSA.
Entre las obras hídricas mencionadas aparecen trabajos en los ríos Luján, Salado y Areco, el Canal Maldonado de Bahía Blanca, la cuenca del arroyo Duppy en La Matanza y la presa Roggero. En la cuenca del Salado, por ejemplo, la Provincia trabaja junto a municipios como Azul, Rauch, Pila, General Guido y Ayacucho para coordinar medidas y proyectar nuevas estaciones automáticas de monitoreo.
El ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis, aseguró que se intensificaron las tareas de limpieza de canales y arroyos y que la Provincia cuenta con sistemas de alerta hidrometeorológica para anticipar posibles emergencias. Al mismo tiempo, volvió a reclamar al Gobierno nacional avales para créditos destinados a obras estructurales en distintas cuencas.
La situación también está siendo seguida desde Mar del Plata. Aunque no existe una previsión que indique que la ciudad vaya a quedar “bajo el agua”, el sudeste bonaerense aparece entre las regiones que requieren seguimiento por el estado de los suelos y las perspectivas de mayores precipitaciones. En General Pueyrredon, el Municipio ya reunió al Comité de Emergencia, integrado por Defensa Civil, EMVIAL, EMSUR, OSSE, Salud y Desarrollo Social, para organizar recursos y analizar puntos críticos ante eventuales lluvias extraordinarias.
Las autoridades remarcan que se trata de un escenario de riesgo y no de una predicción de que determinadas ciudades necesariamente vayan a inundarse. La magnitud final dependerá de dónde se produzcan las tormentas, cuánto llueva en períodos breves y de la capacidad de respuesta de cada cuenca y sistema de drenaje.
